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exilio económico

24/01/2015

Mari y José tienen 38 años y viven en Poussan, a veinticinco kilómetros de Montpellier, en el sur de Francia. Son originarios de Cádiz y tienen cuatro hijos. Emigraron en 2012, cuando Mari se quedó en paro después de trabajar durante diez años de cocinera. Para entonces su marido llevaba desempleado dos años, y no recibía ninguna ayuda estatal.

“Mi subsidio apenas nos daba para comer”, dice Mari, “y los únicos contratos que encontraba eran de tres meses”. El subsidio terminó pronto, y la familia tuvo que recurrir a la ayuda de Cáritas. “Pero eso es pan para hoy y hambre para mañana”, sostiene Mari. “Nosotros queríamos un trabajo digno”.