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La decisión de Trump, una mala noticia para el planeta

Federico G. Charton

Dentro de unos pocos días se va a celebrar, un año más, el Día Mundial del Medio Ambiente, marcado por el anuncio del presidente Trump de la retirada de EEUU del Acuerdo de Paris, acuerdo alcanzado en diciembre de 2015 por parte de 195 países para mitigar los efectos del cambio climático. Hasta ahora, sólo dos países, Siria y Nicaragua, se habían negado a firmar el acuerdo. A este reducido club se suma ahora el gigante norteamericano, situación que hace temer que otros países le secunden, echando por tierra las pretensiones de reducir la temperatura media de la Tierra, evitando que se sobrepase la fatídica cifra del aumento en 2º C de esa temperatura en relación a la era pre-industrial, lo que, para los expertos, supondría el punto de no retorno en el calentamiento global del planeta.

Esta mala noticia, a sólo unos pocos días de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, hace pensar lo peor en la lucha contra el cambio climático. Este fenómeno, aceptado por la inmensa mayoría de la comunidad científica agrupada en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, organismo dependiente de la ONU, está ya trastocando el clima, con el aumento registrado de inundaciones, sequías o incendios forestales, cuya mitigación ya cuesta miles de millones de euros cada año.

“Seguir con el paradigma del crecimiento económico supondrá acelerar el cambio climático, con olas de calor cada vez más frecuentes, daños en la agricultura y en el turismo de costa, y la progresiva disminución de los recursos hídricos”

EEUU es el segundo país del mundo en cuanto a emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), sólo por detrás de China. Pero con esta decisión del presidente Trump, volverá a ser el primero, acercándonos un poco más al muro del colapso en todo el planeta. Ya en 2012, el magnate calificaba en su cuenta de Twitter, su red social favorita para transmitir sus decisiones e ideas, el concepto de calentamiento global como una invención de China para perjudicar a las empresas norteamericanas (sic), una idea bastante peregrina alejada de la realidad. Paradójicamente, las grandes empresas norteamericanas como Google, Apple o la petrolera Exxon Mobil, entre otras, critican esa decisión, porque puede alejar a EEUU de la carrera por la tecnología relacionada con las energías renovables.

Desde que se está celebrando el Día Mundial de Medio Ambiente, a partir del 5 de junio de 1972, hemos pasado de emitir 15.000 megatoneladas de CO2 a las actuales 30.000 megatoneladas. La población mundial ha pasado en este periodo de tiempo de unos 3.850 millones a más de 7.500 millones de habitantes en la actualidad, casi el doble, aumentando exponencialmente la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas. Según el informe Living Blue Planet realizado por WWF, entre 1970 y 2012 se ha verificado un descenso en un 49% en las poblaciones marinas de interés pesquero, poniendo en peligro la seguridad alimentaria, y siendo el Mediterráneo el mar más afectado, ya que se capturan cada año alrededor de 1,5 millones de toneladas de peces, el 95% de los stocks están sobreexplotados y el 89% agotados. En 2008 alcanzamos el pico del petróleo, es decir, el momento en el que se llegó a la extracción de la mitad del crudo encerrado en el subsuelo, a partir del cual es más caro y difícil extraerlo, y en los próximos años alcanzaremos ese pico en otros combustibles (gas natural, carbón) y minerales (hierro, aluminio o cobre). Estos cambios nos indican que la situación está lejos de estar solucionada, y la decisión de Trump nos aleja aún más de esa solución.

Hasta ahora, la lucha contra el cambio climático es sólo un apartado en los programas electorales de la mayoría de los partidos políticos, dentro del epígrafe de Medio Ambiente. Pero esto tiene que ir cambiando. Desde la ecología política se entiende toda la actividad económica y social desde una visión global, con el fin último de evitar el colapso del sistema, debido al calentamiento global por la emisión cada vez mayor de GEI y su consecuencia directa, el cambio climático. El crecimiento económico, base del sistema capitalista, sigue siendo el dogma de la mayoría de los países, ya estén gobernados por ultraliberales o socialdemócratas. Pero los expertos nos advierten de que seguir con ese paradigma supondrá acelerar el fenómeno del cambio climático, con consecuencias ya estudiadas: olas de calor cada vez más frecuentes, daños en la agricultura, en el turismo de costa, además de la progresiva disminución de los recursos hídricos.

La decisión tomada por Donald Trump es un paso atrás en la lucha contra el cambio climático. A cambio, debe hacer reflexionar a los gobiernos europeos y al español sobre la acuciante necesidad de contrarrestar esa irresponsable posición, liderando la aplicación de medidas para disminuir las emisiones de GEI en el continente y salir del dogma del crecimiento o, como dice Serge Latouche, salir del imaginario dominante.

 

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